
La iniciativa, liderada desde la Universidad de São Paulo y financiada con cerca de US$1,4 millones, destaca el valor del Canal Beagle como laboratorio natural para estudiar ecosistemas subantárticos poco explorados.
Punta Arenas, junio de 2026. El Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), en colaboración con la Universidad de Magallanes (UMAG), participa como socio estratégico en PROASA —Programa de Investigación sobre el Atlántico Sur y la Antártida—, proyecto internacional de investigación sobre algas liderado por la Universidad de São Paulo (USP) y financiado por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP).
La iniciativa, con un horizonte de cinco años y un presupuesto cercano a los US$1,4 millones, reúne a cerca de 30 grupos de investigación de Brasil, Chile, Francia y Estados Unidos en áreas que van desde biodiversidad marina y genómica hasta biotecnología, monitoreo ambiental y descubrimiento de compuestos activos.
El proyecto estudia cómo las algas responden a distintos gradientes de temperatura, salinidad, pH y radiación, comparando organismos de ambientes tropicales, subantárticos y antárticos. En ese marco, el CHIC opera como anclaje científico desde el extremo sur, permitiendo acceder a una biodiversidad subantártica que, según los propios investigadores, todavía no ha sido estudiada en profundidad.
“El CHIC es muy importante para nosotros porque está estratégicamente ubicado en el Canal Beagle. Tenemos una enorme biodiversidad aquí de la cual todavía nos queda mucho por conocer”, señaló el profesor Pio Colepicolo, investigador principal del proyecto por parte de la USP.
En esa línea, el Dr. Andrés Mansilla, académico de la Universidad de Magallanes e investigador principal del CHIC, destacó que la colaboración permite conectar científicamente distintos ambientes del hemisferio sur, desde Brasil hasta Magallanes y la Antártica. “Este proyecto puede generar resultados muy potentes para comprender el hemisferio sur. Nosotros aportamos con el territorio, las capacidades humanas y el CHIC como plataforma científica. Además, se abrirán oportunidades importantes de intercambio para estudiantes e investigadores”, afirmó.
Un laboratorio natural irreemplazable
La participación del CHIC y la UMAG no se limita a la toma de muestras. Desde Puerto Williams, los investigadores pueden comparar organismos de ambientes extremos con los de aguas tropicales brasileñas, rastreando cómo la evolución y la adaptación han moldeado el metabolismo de las algas a lo largo de miles de kilómetros de gradiente ambiental.
Durante una expedición realizada en marzo de 2026, investigadores del proyecto navegaron seis días por el Canal Beagle hasta zonas glaciares, encontrando condiciones difíciles de reproducir en laboratorio: en ciertos sectores, el deshielo glaciar crea una capa de agua dulce sobre el agua marina, obligando a las algas a sobrevivir a profundidades de ocho a diez metros bajo esa interfaz.
Estas condiciones extremas convierten a los ecosistemas australes en una fuente relevante de información científica. “Las microalgas son los centinelas más importantes del cambio global”, afirmaron investigadores de la USP, destacando que estos organismos pueden registrar señales tempranas de transformación ambiental al responder a variaciones de temperatura, salinidad, pH y radiación.
Potencial biotecnológico y carbono azul
Más allá del monitoreo ambiental, el proyecto explora aplicaciones con potencial económico directo. Algunas algas son reconocidas por su capacidad de sintetizar compuestos como omega-3, además de producir polisacáridos con propiedades digestivas y compuestos con potencial farmacológico y cosmético. El equipo trabaja también en métodos de extracción verde mediante CO₂ supercrítico, que permiten obtener aceites y extractos sin residuos contaminantes.
Una de las líneas más innovadoras apunta al denominado carbono azul. Los investigadores están desarrollando metodologías para medir cuánto carbono capturan y almacenan las algas, campo donde actualmente no existe una metodología equivalente a la que se aplica en ecosistemas terrestres.
“Queremos entender el metabolismo de las algas, ver cuánto dióxido de carbono capturan y cuánto se transforma en biomasa. No existe una metodología para hacerlo con algas. Estamos intentando construirla”, explicó Colepicolo.
Si esta línea de investigación avanza, podría aportar información clave para futuras metodologías de créditos de carbono marino, con Magallanes como uno de los territorios de estudio de referencia.
Ciencia austral con proyección global
La incorporación del CHIC al proyecto PROASA forma parte de una trayectoria de consolidación del centro como polo científico subantártico de relevancia internacional. La institución, con sede en Puerto Williams, ha desarrollado en los últimos años una red de colaboraciones con instituciones de distintos países, posicionando a la Región de Magallanes como plataforma para el estudio de ecosistemas australes y subantárticos con impacto científico y potencial aplicación productiva.
Para los investigadores, el valor del CHIC no reside únicamente en su ubicación geográfica, sino en su capacidad de articular conocimiento local, acceso territorial y redes científicas vinculadas a la biodiversidad subantártica.
En ese sentido, la participación en PROASA refuerza el rol del CHIC como plataforma científica subantártica, capaz de conectar investigación internacional con preguntas estratégicas sobre cambio climático, biodiversidad y potencial biotecnológico desde el extremo sur de Chile.


